Horas. Día. Fecha.

27 noviembre 2009

Y llega una fecha. Siempre me acuerdo de las cosas, de los detalles, de los días, de los momentos. Los días. Las fechas. Recuerdo todas las cosas. Un día puede conmoverme, un día puede entristecerme, un día puede extrañar, un día puede recordarme que estoy viva o que tal vez morí un poquito, o que quiero acariciar.
El día se acerca y espera suspirando, y cuando llega, trato de distraerme con fantasías, con los deseos que sí puedo alcanzar. Todo esto puede generarme un simple día.
Hay muchos significados que deposito en simples horas, en rayos de sol y en nubes escondidisas e indecisas; todas esas cosas que un día fueron cómplices del recuerdo que no duerme, de la imagen que no desvanece, que no pierde nitidez; dentro de mi mente. No perdés tu claridad en mi memoria, no se escapa de mi ser lo compartido de nosotros juntos, de nosotros mismos, de nosotros con nosotros.
Tanta nostalgia desnuda y pura, me dificulta subir la mirada, dar pasos. Me da miedo cuando mi nostalgia, mi particular nostalgia, me envuelve tan comprometida y tan real. Es real. El día es real. Y no puedo irme del día, de la fecha.
Nuestro día termina, pero siento su insistencia dentro mío de una manera colosal. Y ahí es cuando no quiero que se vaya, sólo para tener la posibilidad de que la fecha me de su mágica oportunidad para yo vivirla, sentirla, gastarla, respirarla, abrazarla. Pero con vos.

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