20 noviembre 2009

Tendré los ojos muy lejos, y un cigarrillo en la boca, el pecho dentro de un hueco y una gata medio loca.  Un escenario vacío, un libro muerto de pena, un dibujo destruído y la caridad ajena. Un televisor inútil, eléctrica compañía, la radio a todo voulumen y una prisión que no es mía. Una vejez sin temores y una vida reposada, ventanas muy agitadas y una cama tan inmóvil. Y un montón de diarios apilados, y una flor cuidando mi pasado, y un rumor de voces que me gritan,
y un millón de manos que me aplauden. Y el fantasma tuyo, sobre todo, cuando ya me empiece a quedar solo.

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