28 octubre 2008

  • “Hay más cosas entre el cielo y la tierra, Horacio. Que las que sospecha tu filosofía.”

  • “Si bien amor toma a la Razón por médico, no le admite nunca consejero”
  • “Ten más de lo que muestras; habla menos de lo que sabes.”
  • “No ensucies la fuente donde has apagado tu sed.”
  • “Las palabras están llenas de falsedad o de arte; la mirada es el lenguaje del corazón.”
  • “Las heridas que no se ven son las más profundas.”
  • “Fuertes razones, hacen fuertes acciones.”

  • “Es más fácil obtener lo que se desea con una sonrisa que con la punta de la espada.”
  • “En la amistad y en el amor se es más feliz con la ignorancia que con el saber.”
  • “El tiempo es muy lento para los que esperan, muy rápido para los que temen, muy largo para
    los que sufren, muy corto para los que gozan; pero para quienes aman, el tiempo es eternidad.
  • “El hombre a quien no conmueve el acorde de los sonidos armoniosos, es capaz de toda clase
    de traiciones, estratagemas y depravaciones.”

  • “Yo se muy bien, cuando la sangre hierve, con cuanta prodigalidad presta el alma juramentos
    a la lengua: pero son relámpagos que dan más luz que calor hija mía. Estos y aquellos se apagan
    pronto y no debes tomarlos por verdaderos.”
  • (…) Es más noble para el alma soportar las flechas y pedradas de la áspera Fortuna o armarse
    contra un mar de adversidades y darles fin en el encuentro. Morir: dormir, nada más. Y si durmiendo
    terminaran las angustias y los mil ataques naturales herencia de la carne, sería una conclusión
    seriamente deseable. Morir, dormir: dormir, tal vez soñar. Sí, ese es el estorbo; pues qué
    podríamos soñar en nuestro sueño eterno ya libres del agobio terrenal, es una consideración que
    frena el juicio y da tan larga vida a la desgracia. Pues, ¿quién soportaría los azotes e injurias
    de este mundo, el desmán del tirano, la afrenta del soberbio, las penas del amor menospreciado,
    la tardanza de la ley, la arrogancia del cargo, los insultos que sufre la paciencia, pudiendo
    cerrar cuentas uno mismo con un simple puñal? ¿Quién lleva esas cargas, gimiendo y sudando bajo
    el peso de esta vida, si no es porque el temor al más allá, la tierra inexplorada de cuyas
    fronteras ningún viajero vuelve, detiene los sentidos y nos hace soportar los males que tenemos
    antes que huir hacia otros que ignoramos? La conciencia nos vuelve unos cobardes, el color
    natural de nuestro ánimo se mustia con el pálido matiz del pensamiento, y empresas de gran peso
    y entidad por tal motivo se desvían de su curso y ya no son acción. (…)”

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