14 junio 2008

La pluma cae sin fuerza de mi mano temblorosa,

con tu querido nombre como texto, aunque ordenado por ti,

no puedo escribir, no puedo hablar ni pensar,

ay, no puedo sentir; porque no hay sentimiento,

esta inmovilidad permanente sobre el dorado

umbral de la puerta completamente abierta de los sueños,

contemplando, extasiada, sobre la espléndida vista,

y estremeciéndome al ver, a la derecha,

a la izquierda, y hacia el frente,

entre purpúreos vapores, a lo lejos,

hacia donde la vista termina, a ti solamente.

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